Desarrollo Transpersonal

9 pasos para profundizar en el significado de:

Desarrollo Transpersonal

1. Los profesionales del Desarrollo Transpersonal

En estos tiempos precisamos de un perfil de profesional del acompañamiento de características muy particulares. Como sociedad atravesamos un momento de gran oportunidad evolutiva para crecer y fortalecernos con cada obstáculo. Nuestras crisis de transformación se hacen cada vez más presentes y, si no es en nuestro cuerpo, el dolor gravita en nuestro mundo emocional que, a menudo, se ve desestabilizado.

Es el tiempo en el que ya no buscamos recetas ni colecciones de técnicas que tan solo corrijan el síntoma; necesitamos encuentros fértiles con personas que posean un alto nivel de presencia interior, como fruto de un proceso de autocultivo más allá del intelecto y la mera acumulación de información. Anhelamos sentirnos profundamente comprendidos para reorientar nuestras crisis desde el poder que otorga la consciencia que, allí donde se enfoca, transforma a quien la cultiva.

El profesional del desarrollo transpersonal es un vocacional del acompañamiento que fundamenta su servicio en el íntimo peregrinaje de su propia travesía de vida. Se trata de un profesional que, además de capacitarse para trabajar la dimensión psicológica de sus clientes, suscita comprensiones de un calado que no puede acontecer si no se ha generado previamente una atmósfera de autodescubrimiento e interiorización que difícilmente se da sin el arte de la silenciación. Sabernos no juzgados, sabernos también respetados en nuestras particulares creencias, y sentir que no solo somos escuchados, sino que además se nos ofrece un espacio en el que dejarnos encontrar por las respuestas y soluciones, es tan valioso como infrecuente.

El amor del corazón y la compasión hacia el cliente son poderosas vías de resiliencia que, cuando se acompañan de protocolos rigurosos del ámbito de la ayuda, llegan directas allí donde más se requiere mirar, aceptar e integrar. Más tarde, llegan los cambios de forma fluida y natural, justo aquellos cambios que se precisan para vivir desde un nuevo paradigma. Son momentos estos en los que se descubre el sentido a todo lo acontecido, por doloroso que haya sido, siendo esta una manifestación de que se está aprendido a fluir en la noria del vivir, anclado en la esencia del Yo Profundo.

2. Raíces del término Transpersonal

El término transpersonal, acuñado por Abraham Maslow a finales del siglo xx, nació para referenciar el ámbito profundo del ser humano que trasciende el nivel de conciencia de la esfera personal.

Maslow dejó otro gran legado con su conocida Pirámide de las necesidades humanas. En ella, clasificó cinco niveles de necesidades, que, desde la base al vértice, señalan cuáles deben satisfacerse prioritariamente para, una vez cubiertas, poder ascender al siguiente nivel, en el que les necesidades son de diferente rango y escala. Las últimas necesidades que coronan la pirámide corresponden al orden transpersonal y señalan la autorrealización y el despliegue de capacidades que conllevan un estado de presencia y sentido último de vida.

El termino transpersonal apunta a la dimensión espiritual, entendiendo en este caso por espiritual una vivencia íntima de esencialidad y, por tanto, libre de toda carga religiosa. El precursor de esta liberación y, a su vez, quien abrió la puerta de la era de la consciencia, fue el filósofo Jiddu Krishnamurti, quien, en la segunda mitad del siglo xx, revolucionó la visión espiritual, que hasta entonces se hallaba sometida a dogmas y códigos morales no exentos de elaboraciones teológicas. La aportación de Krishnamurti al mundo subrayó la fuerza de la vivencia interna y del darse cuenta como acción de la consciencia; A los 90 años, este sabio dio una conferencia para la paz y la conciencia en la ONU que, no solo dejó una profunda huella en el mundo, sino que además coronó una vida dedicada a expandir las viejas fronteras.

Sus palabras todavía hoy resuenan con fuerza: «Sostengo que la verdad es una tierra sin caminos que no se puede abordar por ninguna religión ni secta». Aquellas palabras terminaron por deconstruir un paradigma y fueron liberando progresivamente al ser humano de dogmas y condicionamientos que velaban la luz interior de la vida profunda.

3. La Psicología Transpersonal

Tras el reconocimiento de la dimensión transpersonal, se inició un movimiento que, además del mencionado Abraham Maslow como figura pionera, reunió otras de gran relevancia, tales como Karl Pribram, con galardón de premio Nobel, Stanislav Grof, Ram Dass, Alan Watts, Marilyn Ferguson… Todos ellos hicieron oír su voz comprometida con el naciente cambio de paradigma. Ellos, y muchos otros, actuando en sinergia dieron a luz la psicología transpersonal. Esta nueva corriente terapéutica emergió como la cuarta ola de la psicología, integrando a las tres anteriores –conductismo, psicoanálisis y humanismo– en un afortunado matrimonio con las tradiciones espirituales de un Oriente cargado de inspiración contemplativa. En esta unión de la ciencia occidental y la mística oriental que actualizó la nueva estructura de la conciencia, apareció en escena el filósofo, bioquímico y escritor Ken Wilber con un papel clave: poner magistralmente en palabras la formidable integración evolutiva de la naciente conciencia transreligiosa.

Quienes consolidaron el apellido transpersonal de esta psicología de vanguardia, no solo eran conscientes del valor terapéutico del darse cuenta, sino también de la profunda curación o resiliencia que sucede cuando se saborea el estado sostenido de presencia. Aquellos pioneros sabían lo difícil que era para muchas personas religiosas de la época imaginar que un ser humano agnóstico o incluso ateo –sin Dios– pudiese encarnar la profunda espiritualidad del estado de presencia que lo transpersonal promulga.

Así fue como en el siglo XXI se comenzó a considerar la vía de la trascendencia y el despertar de la conciencia de forma laica y sin la carga histórica de las religiones ni la rigidez de sus credos. Tras la influencia de místicos, psicólogos y filósofos, la cultura transpersonal se sigue expandiendo de forma vertiginosa y alcanza a un creciente número de personas.

4. Fundamentos del Desarrollo Transpersonal

El fundamento del DT se despliega a partir del cultivo de la atestiguación en el ahora, con un gran enraizamiento en la conciencia corporal. El DT promueve la íntima silenciación, en sintonía con los valores profundos del ser; de hecho, la autoobservación que se cultiva en la practica contemplativa, como epicentro de esta psicología, propicia el autoconocimiento y posibilita la recolocación del propio ego, que, progresivamente, pasa a ceder su reinado a una consciencia más amplia y profunda.

El DT ensancha la comprensión sobre la vida y la muerte; así, quien manifiesta un desarrollo en este nivel interno, accede al reconocimiento de su identidad profunda y experimenta una sensible transformación ante la idea de su propio morir e incluso la de los seres que le rodean. Su miedo a la extinción del yo se minimiza y, a su vez, el duelo por la pérdida de seres queridos se transforma.

5. La doble identidad

Tal y como se ha mencionado, el DT apunta a la vivencia de trascendencia que se asienta en aquello que fundamenta la psicología transpersonal: la paradoja humana de la doble identidad. Sucede que, por una parte, creemos que somos el ego que nuestro cerebro fabrica y, por la otra, nos vislumbramos como identidad transpersonal o esencial que nunca hemos dejado de ser: la no nacida, inalterable y unitaria que llamamos conciencia.

La psicología transpersonal reconoce al yo o ego como un constructo del cuerpo, cuyo poder sugestivo es de tal magnitud que olvidamos quiénes o qué somos en nuestra identidad esencial. Nos creemos ser un yo, cuando, en realidad, “tenemos un yo”. La fecha de caducidad de este yo y su tendencia a autoafirmarse dramatizando y ofreciendo resistencia a lo que sucede, velan la clara luz de lo que Es, algo que que filósofos, sabios y místicos de todos los tiempos lo han vivenciado y reconocido como inefable.

6. En torno a la dimensión transpersonal

Algunos valores virtuosos que tan solo se dan en la especie humana, como puedan ser el perdón, la gratitud, la humildad, la conciencia de impermanencia o el sentimiento estético, entre otros muchos, no dejan de ser manifestaciones de una inteligencia que trasciende la limitada percepción de las apariencias. La capacidad de asombro, la admiración y el discernimiento tampoco parecen ser rasgos casuales o meros epifenómenos; tal vez, tales cualidades aparecen como fruto de este DT que permite trascender, progresivamente, las íntimas fronteras.

Por otra parte, el amor universalizado y la conciencia de hermandad son estados anhelados, por estar estos asociados a la verdadera felicidad que se halla más allá de las circunstancias. El DT facilita la comprensión de que la fuente de la felicidad viene de dentro y carece de causa.

El DT está en relación directa con el amor sin objeto, así como con la experiencia de inclusión compasiva. Uno de sus rasgos fundamentales radica en vivirse en un sostenido darse cuenta, lo cual capacita para atestiguar los procesos internos que el ego genera. El desarrollo paulatino de tal capacidad atestiguadora permite disolver el sufrimiento, entendiendo a éste como un “añadido tóxico” a la natural cuota de dolor que nos toca en la vida. Este suceso liberador se produce gracias a la facultad de distanciarse de los contenidos que discurren por la mente del yo persona; de este modo, quien alcanza cierto grado de desarrollo en esta inteligencia profunda, observa el flujo de pensamientos que aparecen en su pantalla de la percepción, al tiempo que deviene capaz de no creerse todo lo que piensa.

Asimismo, el DT incita a preguntarse el para qué de las cosas, comprendiendo que las llamadas adversidades contienen un sentido mayor que, a menudo, aparece oculto a la mirada egoica.

El Desarrollo Transpersonal conlleva necesidad de sentido, así como una amplia reconciliación con la sombra personal y la integración cuerpo-mente que unifican al yo psicológico permitiendo ir más allá de la conciencia ordinaria. El DT propone el arraigo en la silenciación y la vivencia en el ahora como medicina para habitarse en la cordura. Sucede que, en tal atmósfera de interiorización meditativa, nuestros cerebros se potencian y la auto consciencia se expande

¿Quién o qué soy? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Para qué sirve todo?

En este camino, el DT nos pone en contacto con el sentido último de la vida, así como con el espíritu de servicio que impulsa a aportar nuestro granito de arena para dejar una vida mejor a quienes, tras nuestra partida, continúen la travesía.

7. La felicidad como conciencia de unidad

Cada ser humano ha formulado la concepción de felicidad que era capaz de forjar desde su correspondiente nivel de autoconsciencia. En una dimensión honda, la felicidad está equiparada a un estado de alegría incausada que acontecepor el solo hecho de existir y reconocerse como vida. En este sentido, el DT desbroza el camino de la conciencia de unidad como nivel interior que trasciende las dualidades y mareas propias de la percepción dividida de la conciencia egoica.

El estado de felicidad que hoy anhelamos tiene más que ver con la unificación que se deriva de ensanchar la mirada para no perder de vista las dos caras de la moneda y, así, acercarnos al trascenderlas. Deseamos no olvidarnos de una de las dos caras cuando nuestro yo se ve afectado por la intensidad transitoria de la otra. Nos gustaría también devenir capaces de recordar que toda situación, por agradable o desagradable que sea, tiene en sí misma otra cara que refleja la realidad opuesta. Cuando estamos en marea alta, nos gustaría reconocer que en nuestro mar hay también marea baja, y que ambas forman parte de una unidad que, desde la ecuanimidad, se surfea sin inflarnos en las subidas ni decepcionarnos en las bajadas. La inteligencia transpersonal trabaja para desarrollar la visión completa desde la que contemplar en todo momento la moneda entera, con sus dos oscilantes caras.

Cuando estamos contrariados, tal vez porque llegan tormentas a nuestra vida, nuestro ego dividido entra en dramatización y queja por no ver que también coexiste, aunque oculta, la otra cara de la moneda. La mencionada dimensión ecuánime nos permite recordar que cualquiera de los estados que vivimos es tan solo una cara pasajera. Esta comprensión, nacida de una conciencia sin fronteras, no descafeína ni empalidece las risas y lágrimas que nos encuentran en el camino de la vida. En resumen, la conciencia de unidad representa la Ítaca del hombre y la mujer que recorren el viaje.

8. La ciencia y conciencia

El DT reconoce el valioso papel de la ciencia que nos ha librado de supersticiones, aunque reconoce que el ámbito de esta se ve limitado por los aspectos tangibles y medibles de la existencia. Los factores existenciales del ser profundo que dan significado y respuestas a lo significativo que nos trasciende, son más bien abordables por otras vías de autoindagación y expansión de la consciencia.

Determinadas investigaciones científicas han comprobado que, cuando se acometen asuntos que conciernen al sentido profundo de las cosas con participación sincera, se producen oscilaciones neurales a 40 Hz, procedentes de una zona localizada en los lóbulos temporales de nuestra masa encefálica. Por esta razón, neurobiólogos como Persinger, Ramachandran y la física cuántica Danah Zohar, han llamado el punto de Dios a esta región cerebral. Esto también señala que el organismo cerebral en permanente evolución asienta en su materia neuronal el ámbito de lo sutil e intangible de nuestra esencia.

Si monitorizásemos el cerebro de un buda, tal vez los registros de la actividad en sus lóbulos temporales asombrarían a la ciencia. Entretanto, honremos a ésta por aportar conocimiento riguroso y aceptemos que los territorios anteriormente mencionados pertenecen al ámbito de la filosofía, el arte o la mística.

9. El Desarrollo Transpersonal en la vida cotidiana

El DT facilita la capacidad de aceptación de lo que sucede y estimula a cooperar con lo inevitable; de hecho, la capacidad de aceptar, que no de resignarse, es uno de los dones más preciados de la vida. Bien sabemos que los duelos por cualquier tipo de pérdida suponen uno de los pilares sobre los que se asienta la cara oscura de la existencia. En este sentido, esta modalidad de desarrollo propicia la relativización del yo y el reconocimiento de una Realidad Mayor, algo que metafóricamente podríamos nombrar como: “a la manzana la mueve la fuerza del manzano”.

El DT contribuye con el despliegue de la confianza primordial, un sentir que se basa en la certeza de que todo tiene un sentido y que la Vida no nos ha puesto en el terreno de juego para ensañarse con quienes la transitamos. Por otra parte, el hecho de ser encontrados por el sentido último que a todo impregna, genera una metamotivación de vida que, además de dotarnos de fuerza interior, facilita de manera inusitada la superación de los muchos obstáculos nacidos de la visión dualista que las gafas del ego propician. El espíritu de servicio nace de pronto de forma paralela al despliegue de esta inteligencia. Servir al alivio y a la evolución de los seres se convierte en aquello por lo que vivir, sabiendo que una gran parte de las semillas que plantemos serán, tras nuestra muerte, árboles frondosos que ofrecerán cobijo y sombra a quienes nos sucedan.

En realidad, el DT es el cultivo de la inteligencia del corazón. Hoy ya conocemos que este órgano no solo es la consabida bomba de sangre de nuestro organismo, sino que, a otro nivel, es un cerebro con neuronas que actúa con independencia del neocórtex. Su inteligencia es propia de la dimensión más profunda y sagrada, algo que milenariamente se ha señalado como sabiduría. La coherencia y la sintonía en resonancia con el propio organismo y, a su vez, con otros organismos cercanos, convierten al área cardíaca en un territorio de honda esencialidad.

Si a esto unimos la capacidad de autoobservación, la atención despierta en los actos de la vida cotidiana, la conjunción con los valores del corazón y la inclusión compasiva que el despliegue de este desarrollo transpersonal conlleva, podríamos concluir que la evolución de la especie humana, que tan contradictoria se presenta en ocasiones, tiene una salida inspiradora.

El hecho de capacitarnos en consciencia nos habilita para integrar la gestión de nuestro mundo tecnológico y el brillante despliegue de la ciencia, con la voz profunda del corazón; esto supone el factor determinante para expresar los potenciales de amor y luz que “traemos de fábrica”.