Mi camino como terapeuta transpersonal fue revelándose a través de mis propios quiebres.
Por años viví desconectada de mí, funcionando por fuera, vacía por dentro.
Habitaba roles, sostenía exigencias, callaba lo que dolía y cumplía con lo que se esperaba. Aprendí a silenciarme por dentro para mostrarme fuerte por fuera, mientras mi cuerpo hablaba lo que mi alma aún no se atrevía a nombrar.
Hasta que un día, fue mi cuerpo el que dijo basta. La vida me detuvo, y tuve que atravesar una enfermedad. En ese momento no lo entendí… pero mientras transitaba el proceso, algo en mí comenzó a despertar. Me di cuenta de que, aun en medio del dolor, estaba siendo profundamente amada. Dios, en su ternura y compasión —pese a mi terquedad— me regaló, a través de esa pausa forzada, la oportunidad de salir del automatismo… y reencontrarme con lo que de verdad importa: vivirme con consciencia.
Desde entonces, mi proceso ha sido volver a lo esencial. Volver a casa:
a ese lugar interior donde todo en mí puede ser mirado con verdad, compasión y presencia.
Acompaño desde el corazón abierto. Desde mi historia vivida. Desde mi propia herida en transformación.
Porque he estado ahí… en el miedo, en el agotamiento, en la incertidumbre.
Y sé que hay otra forma de vivir.
Integro lo emocional, lo espiritual, lo sistémico, lo corporal y el neurocoaching como puentes complementarios al servicio de un mismo propósito:
crear espacios seguros y compasivos donde el otro pueda quitarse el peso, descansar, recordar que no está solo… y volver a sí mismo con presencia, con verdad, y con la certeza de que su vida tiene sentido.