Hola, soy
María Martha Bermúdez
Sé lo que es caminar entre la duda y el vacío: también transité ese proceso buscando donde sostenerme. Vivo en Uruguay, en contacto con la naturaleza; allí, mis hijos son mi brújula y el espejo donde descubro ese hilo invisible que nos une, incluso a lo que ya no está. Verlos juntos en esa foto de 2016 me recuerda que soy un alma aprendiendo y que, aunque imperfecta, cada paso fue necesario para trabajar en mí. Con esta vivencia, te ofrezco un espacio de presencia y contención.
Miembro RPT: A-198136
FORMACIONES DE LA EDTE
- Instructor de Meditación.
- Acompañamiento en Procesos de Duelo y Muerte.
OTRAS FORMACIONES
- Magíster en Intervención Psicopedagógica
De entender a comprender
Durante mucho tiempo me definí desde mis roles, etiquetas que nos ponemos para responder a preguntas como: ¿qué se espera de mí? o ¿qué tan suficiente soy? Hasta que, hacia el final de una vida laboral más o menos “normal”, y a partir de repetidas experiencias de dolor, esas vestiduras me fueron dejando desnuda, vacía.
Y la pregunta se transformó en: ¿qué permanece cuando el rol y el vínculo físico desaparecen? ¿Qué hago con todo este amor que no pude entregar a tiempo?
Estaba enojada y me prometí que haría lo posible para que otros se sintieran menos impotentes ante la falta de respuestas.
Entonces ocurrió. Hubo un instante, como un chispazo, un momento de comprensión profunda que no pude retener. Pero dejó una huella silenciosa por la que ir aprendiendo a relacionarme con lo que no está en mis manos cambiar.
Es desde esa búsqueda en la que sigo, que me formé como instructora de meditación y acompañante en procesos de duelo. Con la certeza de que cada persona sabe, aunque no pueda ponerlo en palabras.
Sin embargo, cuando algo se rompe, no se siente claro
Cuando la realidad deja de ser como la habías pensado, se ve muy borroso, la sensación de desarraigo lo nubla todo. Ese lugar seguro no está más.
Y aunque ya entendiste que nada ni nadie te va a dar lo que estás esperando, que el trabajo es solo tuyo, la incertidumbre, paraliza.
Las preguntas que te estás haciendo no tienen respuestas rápidas.
Se siente pesado y estar sola no ayuda.
Pero no te hace falta alguien que te explique sino que le dé un lugar a lo que te pasa. Una presencia que no invada, que no pida nada. Alguien que pueda quedarse a atravesar contigo lo que sea que surja, una persona que te acompañe a reconstruir el sentido, pero con tus tiempos.
Es en ese momento que mi recorrido toma forma en encuentros
No para quitarte el dolor, sino para que no te quedes sola con él.
En espacios pensados para acompañarte, la meditación, la escucha cardíaca y la observación de los propios pensamientos funcionan como pequeñas prácticas simples y cotidianas para poder estar con lo que pasa, respirar la incomodidad, abrazar la tristeza desde un lugar amoroso.
Pueden ser reuniones grupales presenciales, online y también individuales.
Siempre respetando tu propio ritmo y tu manera de acercarte al silencio, a la presencia y a lo que aparezca.