Cada paso que da un buscador, sea cual sea la dirección, es un paso hacia Dios.
Hermano almendro ¡Háblame! ¡Háblame de Dios! Y… el almendro se cubrió de flores.
Recuerda: tú, en realidad, no eres la charla que oyes dentro de tu cabeza; eres el Ser que oye esa charla.